martes, 22 de octubre de 2013

LA ZARZA ARDIENTE

Pasaron los años y el pueblo de Israel seguía sufriendo mucho en Egipto, y todos los hebreos oraban a Dios pidiéndole ayuda.

Dios quiso librar a su pueblo escogido, el pueblo de Israel, de los malos tratos a los que los sometían los egipcios.

Un día fue Moisés con las ovejas de Jetró, su suegro, al monte Horeb, el Monte de Dios.

De repente Moisés vio una ardía pero no se quemaba y dijo: Qué extraño es esto, voy a acercarme para saber porqué la zarza no se consume.

Cuando se acercaba Moisés, Dios le llamó de en medio de la zarza:
─ ¡Moisés! ¡Moisés!.

Moisés contestó: Aquí estoy.

Dios le dijo:
─ No te acerques. Quítate las sandalias, pues este lugar es tierra sagrada. Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob. Yo te voy a enviar al Faraón para que saques a mi pueblo de Egipto.

Moisés le preguntó: ¿Quién soy yo para hacer eso? Además, ¿quién les digo que me envía?

Dios le dijo a Moisés: ─ Les dirás: me envía el que se llama YO SOY EL QUE SOY. Así les dirás: YO SOY me ha enviado a vosotros. Me envía el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob.

Moisés le contestó a Dios: No me creerán.

Entonces Dios le dio poder a Moisés para que hiciese cosas sorprendentes. Una de ellas fue convertir el bastón que llevaba en una serpiente, y después otra vez en bastón. Así mostraría al pueblo de Israel que Dios estaba con Moisés.

Y le dijo que se llevase a su familia y a su hermano Aarón, para que hablase por él, pues Aarón sabía explicar muy bien las cosas.

Y así lo hizo Moisés.